– VILLAFRANCA DE NAVARRA – ESPLENDOR BARROCO Y NATURAL

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VILLAFRANCA DE NAVARRA- ESPELNDOR BARROCO Y NATURAL

DATOS

Comarca geográfica: La Ribera.

Población en 2016: 2849 habitantes.

Superficie: La superficie total del término asciende a 4.643 hectáreas. De ellas 85,445 hectáreas pertenecen a Suelo Urbano y 4.557,555 hectáreas pertenecen a Suelo No Urbanizable.

Altitud en el Ayuntamiento: 290 metros.

Comunicaciones: Villafranca se encuentra comunicada por carretera, a través de la Nacional 121 Pamplona-Zaragoza, con la que enlaza en los cruces de Cadreita-Milagro y Marcilla-Caparroso a través de la carretera comarcal que cruza el término municipal y el casco urbano. La autopista de Navarra recorre el término municipal de Villafranca por su lado Este. El enlace más próximo se realiza por el área de peaje situada en Marcilla, a unos 6 Km. del núcleo de Villafranca.

Geografía: Villafranca limita por el Norte, Oeste y Sur con el partido judicial de Tafalla (Ayuntamientos de Milagro, Funes, Marcilla y Caparroso), y por el Este con Cadreita y con Bardenas Reales de Navarra.

Gentilicio: Villafranqués.

Patrona: Santa Eufemia

ESCUDO

Desde los siglos XII-XIII el sello de la villa se ve representado con un águila, figura que significa realeza, dominio, imperio, vigilancia… Este emblema continúa hasta nuestros días, con algunas variaciones: con corona real, sin ella, desplegada en vuelo, posada en tierra etc.

La bandera de Villafranca es negra por las dos caras, con una cruz en oro, nada habitual, de origen ciertamente desconocido. El fondo habitual solía ser rojo en las banderas navarras; el hecho de que la bandera sea negra algunos lo achacan a las epidemias de la peste.

escudo_villafranca_bueno

MONUMENTOS

ARQUITECTURA CIVIL

Muchos de los edificios históricos de Villafranca participan de las características de la arquitectura barroca propia de la Ribera del Ebro (claras diferencias con la de la zona de la montaña). Casas de ladrillo, de dos o tres niveles sobrios en decoración y con grandes balconadas, además del remate, siendo éste una hilera de arquillos de medio punto o pequeñas ventanas rectas; y finalmente el alero, formado por una cornisa con labores de ladrillo. Se suelen enriquecer estas fachadas con escudos de piedra bellamente orlados, y en el interior son características las linternas que cubren los amplios escalerones que se convierten en el auténtico eje del edificio.

El más bello rincón arquitectónico lo forman la Parroquia de Santa Eufemia, el Palacio de Bobadilla y el Convento de Nuestra Señora del Carmen, que se extienden ante un espacioso mirador (Paseo Marqués de Vadillo, popularmente conocido como el Atrio). Continuando hacia la Plaza de los Fueros, se cierra el conjunto con dos edificios más, el Palacio del Conde Rodezno y la Casa Consistorial.

Si bien estos dos caserones-palacios mencionados son los más representativos, a lo largo del casco antiguo existen varios edificios señoriales que comparten los mismos rasgos (entre otros, la Casa de los Arévalos, o la del Marquesado de Villabrágima). Se puede afirmar, por tanto, que el patrimonio barroco de Villafranca sigue la estela de los principales núcleos representativos de esta corriente artística, Corella y Tudela.

CASA CONSISTORIAL

Edificio de planta rectangular de ladrillo macizo, compuesto por bajos con soportales, primer piso y ático con la clásica hilera de arquillos. Proviene, por su estructura, de los siglos XVII-XVIII. En los siglos XVI y XVII, el Ayuntamiento andaba errante, incluso se llegaron a utilizar dependencias del antiguo hospital de la misma plaza como lugar de plenos (Lo que hoy es el Casino Gayarre).

Este viejo caserón permaneció durante mucho tiempo inalterable en su estructura y distribución interna. A finales del XIX se reformó interiormente como consecuencia de su hundimiento. En los años sesenta se sometió de nuevo a obras adaptando su distribución interna. Hace unos años fueron sustituidos los dos escudos de la fachada puesto que estaban totalmente erosionados. Una última reforma interior ha adaptado su distribución a las necesidades actuales propias de un edificio administrativo.

PALACIO DE LOS BOBADILLA

Construcción monumental por sus inmensas proporciones, por lo que es considerado un ejemplo sobresaliente del barroco ribero. Levantado con ladrillo macizo cara vista a las fachadas exteriores, data de finales del siglo XVII o comienzos del XVIII. Cuenta con numerosos sótanos, dos plantas y un ático. En la fachada que queda al Poniente se sitúa la puerta principal, adintelada de piedra, con un balcón en su parte superior, montando sobre tres ménsulas de piedra. Hay una hornacina entre pilastrillas, coronada con tímpano curvo, donde se albergó una imagen. La típica galería de arcos de medio punto cuenta con decoración geométrica, y la cornisa, de madera, ha sido completamente reconstruida. Es propiedad municipal y se ha ido restaurando recientemente en varias fases (tejado, plantas) por medio de una escuela-taller que precisamente mantiene su sede y aulas en el interior, moderno y funcional, con una vistosa escalera, también rehabilitada.

ARQUITECTURA RELIGIOSA

PARROQUIA DE SANTA EUFEMIA

El actual edificio parroquial sustituyó al anterior del XVI que, a su vez, supuso una reforma de otro gótico del XIV, del que no queda más resto que la portada de acceso de arco apuntado y la capilla situada bajo la torre.

Partiendo de finales del XVII y durante la primera mitad del XVIII, en distintas fases, se va construyendo el templo tal como lo conocemos hoy; incluso la última capilla se construirá a primeros del XIX.

Iglesia típicamente barroca, con planta de cruz latina, de nave única, cabecera rectangular y crucero marcado, que adquiere una mayor proyección con el añadido de las capillas del Rosario y de San Francisco Javier. En los muros de la nave se abren otras capillas y a sus pies, en alto, se ubica el coro. Se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos y el crucero con cúpula sobre pechinas. Muchos son los rasgos barrocos, tanto en los elementos arquitectónicos (las pilastras cajeadas, la cornisa muy proyectada o los capiteles volumétricos) como en los ornamentos (trabajos de yesería que remarcan ventanas, pechinas o cúpula, dando particular protagonismo a la luz).

Su exterior resalta por su magnífica fábrica de ladrillo, en la que sobresale el encadenamiento rítmico de sus volúmenes nítidos y rotundos entre los que emerge la forma vertical de la torre, inspirada en la de la catedral de Tudela. De bella factura, se alza sobre un basamento de sillar, con tres cuerpos cúbicos y un cuarto octogonal, sobre el que se sitúa una balaustrada. En ella tuvo lugar un trágico episodio durante las guerras carlistas.

En el interior cuenta con un rico conjunto de retablos que abarcan una amplia cronología. El retablo mayor, claramente barroco, muestra con gran espectacularidad el martirio de santa Eufemia.

Los laterales están dedicados a San Miguel y San Esteban, albergando un elegante busto relicario de la patrona, pieza renacentista de fines del XVI. En las capillas del crucero se encuentran el más reciente, el neoclásico de San Francisco Javier, y por otro lado el retablo del Rosario. Éste último, con una hermosa reja barroca delante, es un bello ejemplar churrigueresco con columnas salomónicas y exuberante decoración que alberga la imagen titular anterior a la renovación barroca de la Parroquia. Otros retablos son: el de San Isidro, el de San Ramón Nonato (con una talla de la Virgen del Castellar, gótica del siglo XV) y el de las Ánimas.

Conviene resaltar además: un lienzo de Berdusán de San José con el niño, la sillería del coro, los restos de un órgano barroco del XVIII, la cajonería de la sacristía que guarda objetos de culto, misales y bellos bordados del mismo siglo. Y finalmente, un pequeño museo ubicado en la sacristía que acoge entre otros objetos, los pasos de la procesión de Semana Santa (entre ellos destaca una talla barroca del Cristo a la columna), un lavabo de jaspe (XVIII), esculturas barrocas en madera sin policromar, piezas de platería (un Cáliz del XVI), o misales y cantorales de gran tamaño y valor documental.

CONVENTO NTRA. SRA. DEL CARMEN

A pesar de construirse en la primera mitad del siglo XVIII, sigue el modelo característico de las iglesias conventuales del siglo XVII. Tiene una larga nave de cinco tramos a la que se abren capillas laterales con comunicación interior, crucero y cabecera recta. El coro se levanta a los pies y ocupa dos tramos de la nave. La cubierta es de bóveda de aristas para las capillas laterales, medio cañón con lunetos para la nave y cúpula en el crucero.

La misma referencia a la arquitectura conventual del siglo XVII se aprecia en la fachada, aunque en este caso el material sea de ladrillo. De los tres cuerpos en que los que se divide, el interior lo ocupa el pórtico de triple arcada sobre el que se alza una hornacina con la Virgen del Carmen y una ventana. Corona el conjunto un tímpano curvo entre aletones, propio de la arquitectura carmelitana. Detrás, en un lateral, tiene colocada una espadaña (campanario) con dos arcos de medio punto. En el interior destaca el conjunto de retablos de tipo rococó.

ERMITA DE SAN PEDRO

Edificio originario del siglo XVI que a lo largo de los siglos ha sufrido distintas reconstrucciones. De planta rectangular con cuatro tramos en los que se reparten arcadas de medio punto que descansan en columnas o pilares de ángulos achaflanados. El material empleado fue y ha sido el ladrillo macizo cara vista al exterior, con muros que se sujetan por tres pares de gruesos contrafuertes de igual material. En su fachada sur se abre la puerta principal y única con que cuenta a base de un arco de medio punto. En esta misma fachada se abren tres ventanales estrechos, de medio punto con el objeto de dar luz al recinto. La techumbre, reciente, es de madera con tejado a dos vertientes.

En el interior se guarda un retablo pequeño compuesto a base de un cuerpo de pilastras jónicas y ático con medallón oval decorado con guirnaldas de laureles. Se fecha en el siglo XIX, estilo neoclásico. Lo más valioso históricamente, la imagen de San Pedro, fue robada en 1972.

ERMITA DE LA VIRGEN DEL PORTAL

En la Edad Media existía un portal de entrada al pueblo que contenía la imagen de una virgen. La devoción hacia esta imagen fue lo que hizo que a principios del XVII se iniciasen las obras para construir una iglesia en su nombre. Tras diversas vicisitudes y cambios, fue a finales del siglo XVII cuando se estableció la estructura actual, añadiendo posteriormente capillas y retablos. Construida en ladrillo macizo, cara vista al exterior.

La entrada principal es un arco de medio punto y la torre barroca es de un solo cuerpo octogonal. También sigue el esquema de iglesia conventual con planta de cruz latina cubierta por bóvedas de medio cañón con lunetos y cúpula sobre pechinas en el crucero. Toda esta cubierta se decora con intensas yeserías barrocas. Contiene lienzos barrocos y retablos rococós y neoclásicos, destacando sobre todo el retablo mayor, barroco de finales del siglo XVII.

BASÍLICA DE LA VIRGEN DEL CASTELLAR

Iglesia construida donde se supone que primitivamente estuvo el castillo o fortificación. En una descripción de 1929 se detalla: “La iglesia de Nuestra Señora del Castillo… construcción de ladrillo del siglo XVI. En el exterior cuenta con cuatro tramos marcados por los contrafuertes y un ábside poligonal y una torre… (Se aprovecharon muros antiguos). En el interior, dos bajo relieves pintados del siglo XVIII y un retablo de principios del siglo XVII, con diversos compartimentos y una hornacina central que albergaba la escultura de la Virgen, sentada, con el Niño en el regazo.” Es muy probable que la iglesia fuese edificada sobre los restos de la fortaleza, pues era un edificio sólidamente construido en ladrillo, con unos contrafuertes enormes, desproporcionados para la altura. Daba la impresión de que existieran parapetos defensivos entre ellos. Sus muros eran lisos y se apreciaban en ellos tres épocas de construcción. La planta era rectangular, con ábside poligonal; tenía una puerta de medio punto. Su transformación en iglesia debió verificarse a comienzos del XVII, en cuyo tiempo fue construida la pequeña torre.

En los años treinta del siglo XX se demolió la techumbre por amenazar ruina, quedando solamente las paredes que se fueron derribando posteriormente hacia los años sesenta, y el ladrillo fue utilizado para reparación de la fachada del Convento de los Padres Carmelitas.

ESPLENDOR NATURAL

RUTA DE LOS SOTOS

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El inicio se encuentra en una pequeña zona recreativa, en el extremo Noroeste de Villafranca. Un camino ancho, que discurre entre parcelas de regadío, nos lleva hasta las grandes choperas situadas en las márgenes del Aragón. El paseo remonta su curso, llegando a la desembocadura del Arga.

Continuamos entre sotos naturales y choperas, siempre cerca del río, por parajes de gran belleza. Al encontrarnos con una mota o camino elevado para defensa de inundaciones, se abandona las orillas del Aragón para encaminarnos hacia el pueblo. El último tramo coincide con la pista principal del inicio.

BADINA ESCUDERA

El paseo comienza junto al campo de fútbol de Villafranca, situado en la calle Palomar. Por el camino homónimo que discurre por una zona elevada y se encuentra asfaltado en su mayor parte, llegamos hasta la autopista A-15, donde tomamos la pista de servicio con dirección norte. Pronto nos topamos con la Badina Escudera (Enclave Natural), orlada de carrizos y rodeada de praderas-juncales. Continuamos paralelos a la autopista hasta llegar a un paso elevado sobre la misma. En este punto comenzamos el regreso, sin complicaciones, hasta Villafranca.

CARNAVALES DE VILLAFRANCA, EL “RÍO DE JANEIRO DE LA RIBERA”

El Carnaval de Villafranca ha sido adjetivado como “el Río de Janeiro de la Ribera”. Sin tantas pretensiones, podemos afirmar que esta fiesta pagana es toda una exhibición de ilusionismo, imaginación, color, y fiesta popular. Toda una amalgama de oferta fantasiosa, donde las carrozas de las cuadrillas cierran un desfile que abren los más pequeños, y que se compone de comparsas variopintas en propuestas y edades; hábiles y acompasados bailes coreográficos; y un desenfreno lúdico que hace de esta propuesta festiva una de las más atractivas de Navarra.

NUESTRA HISTORIA

Los primeros asentamientos humanos conocidos en nuestra localidad se encontraron en los alrededores de lo que hoy es el polígono industrial de Villafranca. Varios mosaicos, dolias (grandes vasijas), cerámicas y enseres atestiguan la existencia de una villa agrícolaromana del siglo II que se va reformando con el paso del tiempo, presentando un aspecto más lujoso a fines del siglo III y comienzos del IV. En las excavaciones (1970), dirigidas por María Ángeles Mezquíriz, se rescataron tres mosaicos de importantes dimensiones en aceptable estado, que se encuentran expuestos en el Museo de Navarra. Con anterioridad, se habían descubierto también tumbas paleocristianas y muestras de cerámica Hispánica tipo terra sigilata, objetos catalogados por la Institución Príncipe de Viana.

A partir del siglo XI, los restos arqueológicos y las fuentes documentales constatan claramente el origen del segundo y definitivo asentamiento de nuestros antepasados. Con población nueva o trasladada desde la zona romana, se crea (en el cerro existente en donde hoy está el mirador del Castillo) una fortificación que irá evolucionando con el paso de los siglos, pasando a ser una torre o incluso un pequeño castillo. Estas fortalezas sirven de defensa a lo largo del tiempo en las diferentes batallas o escaramuzas entre navarros, árabes, castellanos y aragoneses. A comienzos del siglo XVI, con la conquista de Navarra por Castilla, será derribada como tantas otras construcciones defensivas dando paso, en el mismo lugar y reutilizando parte del material, a la edificación de la basílica del Castellar.

Desde sus inicios, nuestra villa será conocida y citada con distintas variantes del término Alesués (siglos XI-XIII: Alasuas, Alasves, Alesos…) que posteriormente derivará en Alesves. Después, en el XIII empieza utilizarse la denominación de Villafranca debido a los fueros que le habían sido concedidos por Sancho VI El Sabio. Una “villa franca”, es decir, una localidad con una serie de derechos, exenciones fiscales u otro tipo de privilegios. Así pues, durante un tiempo, fue nombrada como “Villafranca, la anteriormente conocida como Alesves…”. En esta época, aparece el águila que llega hasta nuestros días como sello o escudo de la villa. Otros documentos de la Cámara de Comptos, durante el siglo XIV, la nombran como Villa Franqua, denominación que se alterna con Ville Franch; siendo finalmente en el siglo siguiente, cuando Villafranca (XV) acabe siendo la designación que se mantenga hasta la actualidad.

También a fines de dicho siglo, reunidos en la primera Iglesia de Santa Eufemia, se unificarán los dos concejos que representaban a dos núcleos de población existentes: los hidalgos y los francos. Los primeros poseían títulos nobiliarios y mayor raigambre en la villa. Los francos, fundamentalmente pueblo llano, no eran necesariamente franceses sino extranjeros o foráneos que habían acudido a poblarla atraídos por el señuelo de los fueros concedidos. Cada grupo había fundado una cofradía religiosa propia, los hidalgos, la Cofradía del Castellar y los segundos, la Cofradía de San Pedro y Santa Eufemia. Dichas instituciones, que acabarán uniéndose en el XVII, se harán cargo a lo largo de los siglos del Hospital Municipal.

Durante el periodo que comprende los siglos XVI y XVIII será cuando Villafranca adquiera la riqueza arquitectónica de la que se caracteriza. Se construyen entonces todos los ejemplos de arquitectura civil y religiosa, claramente representativos del Barroco navarro: Casas señoriales, Mansiones, Parroquia, Ermitas, Convento, etc. Es entonces cuando la villa se va expandiendo y las primeras calles de la zona del castillo (Mesón, Muro, Verde, Paja…) dan paso a la estructura que prácticamente llega hasta los inicios del siglo XX: Alrededor de ocho calles que emergen desde la zona antigua y que son atravesadas por varios cruceros (Crucero Ancho, Crucero Angosto y Crucero del Portal) y que serán delimitadas, con el paso el ferrocarril, a fines del XIX.

En la primera mitad del siglo XX, la expansión urbana gira en torno a la vía férrea, se construye la carretera y en los años 50 (en dos tandas) se crean las casas baratas. Y así se llega a la actualidad, en la que la zona del pueblo se ha expandido por el sur y sobre todo por el norte (Polideportivo-Estación), mientras que la zona de las casas baratas ha crecido principalmente acercándose al campo de fútbol del Palomar.

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